Resumen cuento socorro modelo xvz-91
Respuestas a la pregunta
Serio, con movimientos rígidos, se aproxima a las cinco mujeres y les dice —con inquietante convicción:
—Soy un robot. Soy un robot. Dentro de unos instantes, voy a estallar. Mi cabeza es una bomba ¡Mi cabeza es una bomba, una bomba! ¡No se me acerquen! ¡No traten de detenerme! ¡Lejos de mí!
Y antes de que las asombradísimas señoras puedan atinar a sujetarlo —ya que creen que al pobrecito le ha dado un súbito ataque de locura— Jarpo sale disparando hacia el parque.
Corre como impulsado por una energía sobrehumana. Insólito.
Cuando Zelda y su mamá llegan a la escuela, todos se encuentran ya en el parque. Personal docente y alumnos.
—¿Qué habrá pasado? —se preguntan madre e hijas.
Mediante altavoces, los psicólogos de la institución tratan de dialogar con una criatura que se ha ocultado entre la arboleda que crece detrás de la pileta de natación.
—¡Te rogamos —por décima vez— que regreses aquí! ¡Por favor, danos una oportunidad de dialogar! ¡Nadie va a hacerte daño!
Puede oírse —entonces— la voz de Jarpo —desde lejos— quebrándose en un último grito al responder:
—¡Es inútil! ¡No se me acerquen! ¡Voy a estallar… ahora!
Una poderosa explosión sacude el edificio y cada corazón de los presentes.
Arrodillada en el pasto, abrazada a las piernas de su mamá, Zelda llora con desesperación. Llora. No puede hacer otra cosa que llorar.
Casi todos la imitan. Los grandes también. Estupefactos. Profundamente conmovidos.
Cuando —instantes después— los bomberos y la policía arriban a la escuela, sólo encuentran un extendido círculo de césped chamuscado ahí donde estaba Jarpo.
Nadie se explica lo sucedido.
Ni siquiera la embajada de la Unión de Estados Urbílicos, país al que Jarpo pertenecía.
Sus representantes —aparentemente consternados— anuncian —más tarde— que se realizará una exhaustiva investigación para descubrir a los responsables de tamaña tragedia:
—”¿Qué monstruo habrá sido capaz de darle un explosivo a un niño? ¿y con qué móviles? La U.D.E.U., tomará severas medidas, este hecho no quedará impune. Por comprensibles razones de seguridad, los padres de Jarpo han regresado —de inmediato— a nuestro país. Agradecen todas las muestras de solidaridad recibidas… Podrán imaginar su enorme dolor…”.
Entre la arboleda que crece detrás de la piscina —escenario del hecho— y confundido en el pasto entre tantos otros deshechos como tapitas de gaseosas, envoltorios de alfajores y chocolatines, sobres de figuritas… hay un diminuto trozo de material plástico retorcido y al que nadie va a ver. En él puede leerse:
MODELO XVZ-91.
AHORA LE TOCA EL TURNO A USTED, QUE ACABA DE LEER ESTE RELATO. ¿QUÉ TURNO? EL DE DEMOSTRARME QUIÉN ES REALMENTE: ¿UN SER HUMANO… O UN ROBOT…? ¿ME PERMITE REVISARLE LA NUCA?
(POR LAS DUDAS, YO YA ESTOY PIDIENDO: ¡SOCORRO!)