que enseñanza da Jesús al subir al monte a orar antes de elegir a los doce?
porfis
Respuestas a la pregunta
Respuesta:
es una pregunta de tarea o solo quieres saber
LOS Evangelios pasan por alto la semana subsiguiente a los acontecimientos que acabamos de referir. Podemos suponer, sin peligro de equivocarnos, que se dedicó el tiempo, en parte por lo menos a instruir a los Doce con respecto al inminente cumplimiento de la misión del Salvador sobre la tierra, cuyas circunstancias espantosas los apóstoles difícilmente creían posibles de llevarse a efecto. Pasada la semana,a Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a Juan,b y con ellos ascendió a una alta montaña, donde podrían estar razonablemente seguros de no hallar interrupción humana.c Allí los tres apóstoles presenciaron una manifestación celestial que no tiene paralelo en la historia. Se conoce en los anales bíblicos como la Transfiguración de Cristo.d
Una de las razones porque el Señor se apartó fue para orar, y esta transcendental investidura de gloria vino sobre El mientras oraba. Los apóstoles se habían quedado dormidos, pero el refulgente resplandor de la escena los despertó, y contemplaron con temor reverente a su Señor glorificado. “La apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente.” Aunque eran de materia terrenal, “sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos”; “y resplandeció su rostro como el sol”. Así fue como Jesús se transfiguró delante de los tres testigos privilegiados.
Lo acompañaban y conversaban con el Señor otros dos personajes, también en un estado de esplendor glorioso. Los apóstoles se enteraron, por medios que no nos son revelados, probablemente a través de la conversación que estaban sosteniendo, que estas dos personas eran Moisés y Elías el Profeta; y el tema de su conferencia con Cristo se refería a “su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén”. Cuando estaban para apartarse los profetas visitantes, “Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, una para Moisés, y una para Elías, no sabiendo lo que decía”. Indudablemente Pedro y sus compañeros estaban turbados, “espantados” en extremo; y quizá a esto se deba la sugerencia de hacer tres enramadas. Pedro “no sabía lo que hablaba”; sin embargo, aunque sus palabras parecen ser confusas y obscuras, se aclaran un poco si recordamos que en la fiesta anual de los Tabernáculos, se acostumbraba erigir un pequeña enramada para cada adorador individual, dentro de la cual podía apartarse y entregarse a su devoción. El objeto de la proposición de Pedro parece haber sido la de demorar la partida de los visitantes.
La sublime y pavorosa solemnidad de la ocasión no había llegado aún a su punto culminante. Mientras Pedro hablaba, “una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo Amado, en quien tengo complacencia; a él oíd”. Era Elohim,e el Padre Eterno, que hablaba; y al escuchar esa voz de Majestad suprema, los apóstoles “se postraron sobre sus rostros”. Jesús llegó y los tocó, diciendo: “Levantaos, y no temáis”. Cuando alzaron los ojos, vieron que nuevamente estaban a solas con El.