“La muerte”
La automovilista (negro el vestido, negro el pelo, negros los ojos pero con la cara tan pálida que a pesar del mediodía parecía que en su tez se hubiese detenido un relámpago) la automovilista vio en el camino a una muchacha que hacía señas para que parara. Paró.
–¿Me llevas? Hasta el pueblo no más –dijo la muchacha–.
–Sube –dijo la automovilista. Y el auto arrancó a toda velocidad por el camino que bordeaba la montaña. –Muchas gracias –dijo la muchacha con un gracioso mohín– pero ¿no tienes miedo de levantar por el camino a personas desconocidas? Podrían hacerte daño. ¡Esto está tan desierto!
–No, no tengo miedo.
–¿Y si levantaras a alguien que te atraca?
–No tengo miedo.
–¿Y si te matan?
–No tengo miedo.
–¿No? Permíteme presentarme –dijo entonces la muchacha, que tenía los ojos grandes, límpidos, imaginativos y enseguida, conteniendo la risa, fingió una voz cavernosa–. Soy la Muerte, la M-u-e-r-t-e.
La automovilista sonrió misteriosamente. En la próxima curva el auto se desbarrancó. La muchacha quedó muerta entre las piedras. La automovilista siguió a pie y al llegar a un cactus desapareció.
Porfa,necesito las partes de este cuento(SITUACIÓN INICIAL O INTRODUCCION,CONFLICTO Y SITUACION FINAL).Tambien que tipo de cuento.Cuento con ustedes :)
Respuestas a la pregunta
Respuesta:
Q. Responde las preguntas 1 a 5 de acuerdo con la siguiente información:
La muerte La automovilista (negro el vestido, negro el pelo, negros los ojos pero con la cara tan pálida que a pesar del mediodía parecía que en su tez se hubiese detenido un relámpago) vio en el camino a una muchacha que hacía señas para que parara. Paró.
— ¿Me llevas? Hasta el pueblo no más
— dijo la muchacha. — Sube— dijo la automovilista. Y el auto arrancó a toda velocidad por el camino que bordeaba la montaña. — Muchas gracias— dijo la muchacha con un gracioso mohín.
—pero ¿no tienes miedo de levantar por el camino a personas desconocidas? Podrían hacerte daño. ¡Esto está tan desierto!
— No, no tengo miedo.
— ¿Y si levantaras a alguien que te ataca?
— No tengo miedo.
— ¿Y si te matan?
— No tengo miedo.
— ¿No? Permíteme presentarme— dijo entonces la muchacha, que tenía los ojos grandes, límpidos, imaginativos y enseguida, conteniendo la risa, fingió una voz cavernosa
—. Soy la Muerte, la M-u-e-r-t-e.
La automovilista sonrió misteriosamente. En la próxima curva el auto se desbarrancó. La muchacha murió. La automovilista siguió a pie y al llegar a un cactus desapareció. Enrique Anderson Imbert. Disponible en: